Como comentaba en mi anterior entrada 1+1 son mucho más que dos, me he dado aún más cuenta de que, para evaluar a niños y, sobre todo, a aquellos que tienen más dificultades somos los profesionales (en mi caso de la optometría) los que debemos adaptarnos y aprender de ellos, es de esta manera como obtendremos buenos resultados en el diagnóstico y planteamiento de un programa de terapia visual. En el abordaje que estoy planteando con niños que presentan TEA (trastorno del espectro autista) conseguir una visión más estable, sin estímulos molestos y poder ayudarles a fijar puede ser de gran ayuda en su vida diaria.

Los padres quieren lo mejor para sus hijos, es por ello que ante alguna dificultad o problema de desarrollo o aprendizaje acuden a todos los profesionales posibles para poder ayudar con diferentes tratamientos y terapias a mejorar las habilidades de ellos y su interacción con el entorno.

Y así es como llegan a mi consulta o la de otros compañeros. Suelen venir recomendados por otros padres cuyos hijos han sido evaluados y/o tratados por un optometrista para mejorar problemas de procesamiento visual o de aprendizaje de índole visual.

Lo primero que debemos valorar es si la visión (o la mala visión), es una piedra en la mochila del desarrollo del niño, y cuan de grande es. También debemos sopesar si la intervención por nuestra parte es la más adecuada en ese momento o no, o si necesitamos de apoyo de otros profesionales para que la terapia visual sea lo más eficaz posible. (Tengo que indicar que, aunque todo el mundo puede beneficiarse de la terapia visual no siempre es el mejor momento o se está preparado para hacerla y mejorar).

Si llegamos a la conclusión de que el niño puede beneficiarse de la terapia visual, debemos en el caso de niños con TEA apoyarnos en otros profesionales para que la intervención sea lo más buena posible en su caso. (En mi caso he tenido mucha ayuda para entender este trastorno de Iris Carabal Reyes, maestra de Pedagogía Terapéutica).

En un niño que presenta TEA puede haber diferentes manifestaciones clínicas que pueden presentarse de una u otra manera y por tanto pueden necesitar maneras diferentes de comunicación e intervención. No voy a ahondar en las diversas clasificaciones que hay, pero según la realizada por la DSM V, los niños pueden presentar TEA en tres niveles de afectación.

Nivel 1: necesitan poca ayuda.

Nivel 2: necesitan ayuda notable.

Nivel 3: necesitan mucha ayuda notable.

Comúnmente se reconocen a los niños y niñas que se encuentran en el nivel 1 como “niños con TEA de alto funcionamiento”, y desde un principio podrían hacer terapia visual sin demasiadas adaptaciones. Pero entonces, ¿excluimos a los demás?  Yo propongo intentarlo con una intervención multidisciplinar, eso sí, ¿con quién intervenir? Y ¿qué profesionales son aquellos que nos pueden ayudar?

Debería tener como base un maestro en pedagogía terapéutica. A ser posible que cuente con una especialización en programas de intervención específica para autismo. Estos programas especializados suelen ir enfocado a trabajar pilares básicos como la modificación de conducta, el desarrollo de habilidades sociales, la estimulación de la comunicación y el lenguaje, y la regulación sensorial. Todo esto trabajado a través de métodos concretos como programas para la estructura del aprendizaje para el autismo (TEACCH) o la implementación de sistemas aumentativos o alternativos de la comunicación (PECS).

Si el niño o la niña acude a un centro especializado, deberemos ponernos en contacto con ellos para que nos ayuden a adaptar nuestra sala, para:

  • Crear un espacio que despierte su intención comunicativa.
  • Facilitar una estructura que le resulte familiar al niño o la niña.
  • Enseñarnos recursos que nos permitan comunicarnos fácilmente.
  • Facilitar que el entorno le resulte agradable y seguro.
  • Que las pautas de actuación sean lo más parecidas posible a aquellas con las que se desenvuelve en el resto de contextos.

Es algo que comenté en el post anterior, somos nosotros los que tenemos que modificar las condiciones, y si queremos que un número mayor de niños pueda beneficiarse de la terapia visual debemos pensar en su manera de actuar para poder aplicar nuestros conocimientos y que ellos los perciban y apliquen en su beneficio.

Espero que esta entrada pueda ayudar a aclarar dudas y a aprender un poco más a mejorar las intervenciones con los pacientes, la clave está en la unión y comunicación entre todos los profesionales que nos dedicamos a la mejora de la calidad de vida a través de diferentes ayudas. Y si os surgen más estaré encantada de atenderos, ya sabéis donde encontrarme.

 

Referencias: Neuropsicología infantil a través de caso clínicos. Arnedo et al. Editorial Paramericana. Iris Carabal Reyes, graduada en educación primaria con especialización en Pedagogía Terapéutica (@IrisMaestraPT).

 

Libertad Novejarque Romero

Óptico-Optometrista Colegiado 17345

Desarrollo mi profesión en Visión de Libertad, aquí he podido especializarme en las evaluaciones completas y la terapia visual

 

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